El miércoles que viene celebramos el día internacional de la mujer. Queremos valorar y dar a conocer el papel de la mujer en el mundo de la imprenta, que es el tema que nos toca. Dejamos por aquí parte de los primeros pasos de la historia tipográfica en femenino.

 

El reconocimiento de la mujer en el mundo laboral a día de hoy es desigual si lo comparamos con el del hombre. Si hablamos del siglo XV, nacimiento de la imprenta de Gutenberg, se multiplica con creces esa desigualdad. Las mujeres ejercían en la sombra grandes aportaciones a nivel profesional, que de cara a la galería estaban vetadas. Firmaron sus trabajos en femenino mujeres que asumieron el cargo de las empresas una vez fallecidos sus esposos, pero sus rúbricas no eran en sí las suyas, sino que indicaban que eran las “viudas de…”. También en ocasiones asumían el cargo de las imprentas las hijas de los impresores.

 

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En la Europa de los siglos XV al XVIII, destacamos en Francia a Guyonne Viart, viuda de Henri Estienne y a Iolande Bonhomme, hija del impresor Paquier Bonhomme y esposa de Thielman Server. Sobresale en Italia Estellina, mujer de Abraham Conat, y años más tarde despunta el nombre de la viuda de Bodoni, que produce el Manuale Tipografico, legado fundamental de su marido. En España los nombres de Jerónima Gales y Brígida Maldonado destacaron como precursoras en el campo de la imprenta a nivel nacional. María de Quiñones comienza a firmar con su propio nombre a partir de 1633. Teresa Vendrell en el siglo XVIII imprimió tipografías en cursiva y redondas, con lo que obtuvo un gran reconocimiento. En esa época Antonia Ibarra se ganó la calificación de “impresora completa”, por su dominio, entre otras cosas, de los caracteres griegos. Realizó obras del calibre de “Las fábulas de Esopo”.

 

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Ya entrados en el siglo XVIII el papel de la mujer a nivel tipográfico fue disminuyendo progresivamente, argumentando, por parte del sector masculino, que se trataba de un trabajo peligroso para la salud de la mujer por la toxicidad de los materiales y la “debilidad” física femenina. Carentes de formación y experiencia en el siglo XIX, las funciones de la mujer en el mundo de la imprentas se reducían a tareas mecánicas como la encuadernación.

 

Estos fueron los inicios del papel femenino en el mundo de la imprenta. Inicios difíciles y con grandes trabas, que a día de hoy, a menor escala, se siguen encontrando las mujeres a nivel laboral.

 

Es por ello que queremos darles este homenaje a las precursoras del mundo tipográfico, porque también, gracias a ellas, somos quienes somos.

Carlitos-y-las-chicas

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